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Debilidad en atención médica afecta al 55 % de personas con artritis

 
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manos

14 de mayo de 2015

Bogotá D. C., may. 14 de 2015 – Agencia de Noticias UN – Así lo establece un estudio que involucró a 635 personas que padecen artritis reumatoide en Colombia y que reportan dificultades para acceder a una adecuada atención médica.

La profesora Olga Janeth Gómez, de la Facultad de Enfermería de la U.N., realizó un estudio cuantitativo con personas que compartieron su experiencia de vivir con la enfermedad. Los hallazgos de la tesis de doctorado demuestran que el 87 % de la prevalencia de la enfermedad se presenta en mujeres.

Uno de los datos alarmantes es que el 55 % de los afectados presenta dificultades con su seguridad social. De ellos, el 21 % se siente inconforme por la cantidad de trámites requeridos para autorizaciones de procedimientos, citas médicas, terapias y medicamentos. Además, solo el 1 % tiene acceso a medicamentos biológicos de alta tecnología para retrasar el daño articular.

El estudio se apoyó en un modelo teórico que determina las variables que muestran causales de calidad, además de un trabajo de campo de seis meses en el que la investigadora entrevistó a los pacientes que asistían a controles de reumatología, en su mayoría de manera particular, debido a la escasa atención que brindan las entidades prestadoras de salud (EPS).

“El seguimiento en el país a las personas con artritis es hecho, en muchas ocasiones, por especialidades diferentes a la reumatología, sin tener en cuenta el alto riesgo de discapacidad y la complejidad de su tratamiento”, expresa la profesional.

Según explica, después de diagnosticada la artritis, si no se recibe atención apropiada durante el primer año, la progresión del daño óseo de las articulaciones es muy alta.

El 51 % de la muestra estudiada corresponde a personas que se encuentran en un rango de entre 36 y 59 años, quienes han visto su etapa productiva y laboral afectada. De ellos, el 20 % son pacientes pensionados, un factor que debe profundizarse para determinar las causas.

En su situación, los pacientes califican como positivo el apoyo de sus familias, aspecto importante en un contexto en el que por el dolor el 35 % de las personas evaluadas permanecen sentadas o acostadas, y el 37 % presentan dificultades en sus destrezas manuales. Para ellos, el dolor, calificado en la escala visual análoga (rango de percepción que va de 0 a 10), se ubica entre 8 y 9.

Otro aspecto analizado demuestra que el 26 % ha presentado episodios de depresión y ansiedad, que disminuyen aún más las expectativas y la calidad de vida. El trabajo se enfoca en la calidad de vida y la atención en salud que perciben quienes padecen esta patología, una enfermedad autoinmune, sistémica, degenerativa y progresiva, que pasa por periodos de remisión y exacerbación (aumento transitorio de la gravedad) de síntomas que inflaman las articulaciones, causan fatiga y afectación sistémica.

Considerando que esta enfermedad no tiene cura, se busca retrasar los signos de daño articular. El nivel de vida de estas personas es multidimensional, es decir, se ve alterado por aspectos de afectación física, capacidad de dolor y situación económica. Sin embargo, el impacto psicosocial ha sido poco estudiado.

Según la investigadora, los resultados confirman los datos encontrados en la literatura, que indican que en Latinoamérica se ha subestimado el impacto que tiene la artritis, pues tradicionalmente se ha considerado una enfermedad de origen común y no se revela lo incapacitante que puede llegar a ser.

Uno de los mayores obstáculos es el sistema de salud fragmentado que existe en Colombia y que no permite hacer seguimiento ni prestar atención integral a los pacientes.

La profesora Gómez advierte que no hay oportunidades para que las personas tengan un tratamiento adecuado: “Los tiempos de espera para las diferentes citas especializadas y el poco acceso al reumatólogo empeoran el estado de salud de los pacientes”.

Por esta razón, no se abordan integralmente, es decir, no les brindan oportunidades para mejorar su calidad de vida en términos de nutrición, actividad física, psicología y reducción de dolor con alternativas no farmacológicas.